La artista María Franciska Dapena da nombre al parque de Buenavista
En el 30º aniversario de su fallecimiento, el Ayuntamiento rinde homenaje así a esta mujer cuya vida fue un compendio de política, sociedad y arte y que vivió durante dos décadas en el barrio
En el 30º aniversario de su fallecimiento, el Ayuntamiento ha querido rendir un homenaje a a la artista María Franciska Dapena, dándole su nombre al parque de Buenavista, que ahora cuenta con una placa. Una iniciativa que se enmarca en los actos de recuperación de la memoria histórica impulsada por el Consistorio, y que ha contado con la colaboración de la asociación memorialista Oroituz, la asociación de vecinos de Buenavista, familiares, amigos y estudiosos de su obra.
Portugalete honra así a una de sus vecinas más ilustres. Nació en Barruelo de Santullán (Palencia) en 1924 y falleció en Bilbao en 1995. Su familia materna procedía de Balmaseda y allí retornó a la casa de su abuela cuando la familia, de filiación socialista, sufrió el expolio y la represión franquista al iniciarse la Guerra Civil. Dapena estuvo muy vinculada a Portugalete, pues residió durante dos décadas en el barrio de Buenavista junto a su marido y sus dos hijas.
Fue una artista relevante e impulsora, junto a Agustín Ibarrola e Ismael Fidalgo, de las primeras exposiciones itinerantes realizadas en Bizkaia en 1956, cuyo objetivo era acercar el arte al pueblo. Comprometida activamente en la lucha contra el franquismo, su vida fue un compendio de política, sociedad y arte.
Activista
“Una mujer valiente, una activista comprometida con la clase trabajadora, con la igualdad y con los derechos sociales, además de artista”, recalcó durante el acto de inauguración de la placa la alcaldesa jarrillera, Marijose Blanco. Su trabajo sin descanso por una sociedad más justa la llevó a defender posturas feministas y ecologistas en un tiempo en el que estas ideas eran ampliamente desconocidas.
En las obras transmitía sus pensamientos, desde lo político a lo social, pasando por su propia visión de la vida. Representaba personas, escenas de todo tipo, paisajes, vivencias e, incluso, sueños y deseos. Y lo hacía de manera polifacética, cultivando el óleo, el grabado, la escultura, la escritura y el dibujo.
“La modestia y la humildad eran para ella señas de identidad. Era una mujer afectuosa, próxima con sus amigos, su familia y todos aquellos que se acercasen a su persona y su obra. Fue una artista integral. Todo le gustaba, todo le interesaba y todo le apetecía probarlo. Y haciéndolo bien. Pintura, escultura, obra gráfica, literatura en todas sus modalidades, poesía, dramaturgia, obras de teatro, testimonios de todo tipo en sus escritos... Todo le hacía ilusión”, expresó Alberto Gallego-Kareaga, amigo de la familia y estudioso de su obra.
Cabe destacar que algunas de sus obras se encuentran en el hospital asilo San Juan Bautista de Portugalete, en el museo de Bellas Artes de Bilbao y en el Artium de Vitoria.
